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    Test The Witness: el último juego de dolor de cabeza

    Quien soy
    Martí Micolau
    @martímicolau

    Valoración del artículo:

    Advertencia de contenido

    Durante los primeros minutos de juego, no sabemos realmente en qué planeta aterrizamos y esta espesa niebla tarda un poco en disiparse. El puñado de enigmas que hay que resolver tras empujar la puerta del jardín marca la pauta: el hilo argumental de The Witness reside esencialmente en los múltiples enigmas que abundan en su hipnótico universo, así como en las pocas grabaciones en las que será posible hazte con ella explorando los rincones de la isla. No existe un alma viviente, como si el lugar en el que nos encontramos estuviera aislado de nuestra realidad, como si dependiera de otra dimensión. Notamos los vestigios de una civilización humana aquí y allá, pero nunca tendremos la oportunidad de cruzarnos con el más mínimo individuo. La narración es un concepto abstracto aquí y se trata de las sugerencias del jugador. Este último no se encuentra encerrado en una camisa de fuerza, no tiene un hilo conductor que seguir y, por lo tanto, muy bien puede comenzar con los enigmas esparcidos por el desierto antes de abordar los del molino, y viceversa. También es una formidable trampa que nos tiende el genial Jonathan Blow, que se da un malicioso placer en divertirse con la mente del jugador, para que se pierda en los meandros de The Witness. En esta experiencia rica en color, el único límite es la materia gris.



     

    También es una formidable trampa que nos tiende el genial Jonathan Blow, que se da un malicioso placer en divertirse con la mente del jugador, para que se pierda en los meandros de The Witness.

     

    El Testigo pone a prueba nuestro sentido de la observación, pero no solo; evitaremos decir demasiado para no estropear el efecto sorpresa. Sencillamente, sepa que nada se debe a la casualidad y que si tal elemento está en tal lugar, es sistemáticamente por una razón muy específica. Lo que sí podemos adelantarte, sin embargo, es que la resolución de los paneles pasará por el control de un punto blanco que habrá que guiar dibujando los símbolos correspondientes, todo ello a partir de las pistas dejadas por los desarrolladores de Thekla. Equiparte con papel y lápiz, o incluso tu smartphone por el lado práctico, no estará de más si memorizar los elementos no es tu fuerte. Y luego, dado que la cantidad de restricciones para un solo rompecabezas está creciendo, es tenso recordar todo sin garabatear o fotografiar algo. La mayoría de las veces, los paneles están conectados entre sí y, al activarlos uno tras otro, se activarán todos los láseres que convergen en la parte superior de la isla. Para ser honesto contigo, todavía hay acertijos cuya solución es descabellada. No te diremos cuál, por supuesto, pero es especialmente en este punto donde The Witness es el más frustrante. Peor aún, hay momentos en los que se entenderá bien la lógica del rompecabezas, pero una mala perspectiva o un ángulo mal ajustado hacen que nos quedemos atrapados durante largos minutos en el mismo rompecabezas. Pelear es un reflejo natural, pero de vez en cuando es más juicioso dejar caer la tensión, pudiendo imponerse la solución.



     

    LLUVIA DE IDEAS

     

    Cuando las cosas se complican, también se puede optar por uno o dos cerebros adicionales. En este caso, será necesario ponerse de acuerdo para compartir la gloria. Al igual que Bloodborne pero con un estilo diferente, The Witness requiere mucha paciencia, perseverancia, terquedad, superación de uno mismo para ver el final, y cada panel en bucle proporciona una sensación estimulante de logro. Con sus aproximadamente 650 acertijos, el juego claramente te hace sudar y las lágrimas de rabia siempre estaban a punto de fluir. Finalmente, aunque no es la prioridad para un título de este tipo, la realización de The Witness -que recuerda a un cierto No Man's Sky- es sencillamente espléndida. Es limpio y chiadé al mismo tiempo, con una gama de matices que ofrece ambientes de increíble belleza. Este dominio de los colores y esta singular atmósfera refuerzan la impresión de evolucionar en un mundo sobre el que el tiempo no tiene influencia. Todo está congelado: sin lluvia, sin crepúsculo, sin viento; solo un lindo cielo azul, algunas nubes y algunos estallidos. Y, sin embargo, sin todos estos artificios visuales, The Witness se las arregla para ejercer un hechizo del que es difícil escapar. En cuanto al inspirado diseño de niveles, nos anima a descubrir cada secreto que encierra la isla, una isla que nos obliga a revisar nuestra forma de aprehender las cosas so pena de perder la cabeza.



     

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